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Un modesto sitio sobre crecimiento personal y mejora de la percepción

¿Por qué y para qué meditar?

Vemos el mundo según nuestra amplitud de conciencia. Ésta funciona como cuando miramos a través de un tubo. Si miramos por un tubito de 5 cm de anchura nos permite observar un campo de la realidad muy reducido. Conforme se amplía su diámetro, se amplia también lo que vemos. Y sin embargo, tanto en un caso como en el otro, tanto cuando veíamos más, como cuando veíamos menos, los elementos que constituían la realidad estaban igualmente presentes. Es decir, la realidad era la misma, solo cambiaba el diámetro del tubo.

De modo similar, cuanto más deprimido esté el ánimo, más se ha estrechado la conciencia -y viceversa-. Más estrecha es la visión y mayor cantidad de detalles que también componen la realidad estamos perdiendo de vista. Quien sepa conducir, es muy posible que aún recuerde las primeras ocasiones en las que se ponía frente al volante del vehículo. Su instructor al lado, indicándole los pasos. Y el principiante conductor posiblemente nervioso y casi asustado por la posibilidad de tener un accidente o atropellar a alguien. En estas condiciones, especialmente al principio, a duras penas se perciben a los peatones de las aceras, las señales, que quedan a veces medio tapadas por un árbol, se frena justo dentro del paso de cebra y porque vemos que la señora del perrito ya ha entrado.

Sin embargo, conforme pasan las clases y nos vamos sintiendo más familiares con la situación, vamos empezando a ser conscientes de que nuestra visión es demasiado estrecha. Y es este precisamente el inicio de la transformación mental. Una vez nos hemos dado cuenta de este error de percepción, comenzamos a mirar más a los lados, a buscar incluso señales de tráfico…y conforme pasa el tiempo, podemos percibir y ser conscientes de todos los estímulos de manera simultánea: la señora con perrito que cruza, los niños jugando al balón en una acera y que en cualquier momento puede invadir la calzada, la intención del coche de delante, que va frenando, y el semáforo en ámbar, a punto de ponerse en rojo.

Como media suelen ser necesarias unas 20-30 clases de unos 50 minutos. Por citar un ejemplo: el Programa Médico de Reducción del Estrés Mediante Mindfulness -conciencia plena, un tipo de enfoque meditativo- de Jon Kabat-Zinn médico estadounidense) y colaboradores consiste en 8 semanas para bajar el nivel de estrés casi una hora de clases presenciales para aprender las técnicas y posteriormente, una media de 15-20 minutos en casa.

Asombrosa coincidencia?. No tanto…en ambos casos se está entrenando la atención y la aceptación tranquila de las circunstancias que nos rodean.

¿Qué es la conciencia?

Los especialistas podrán, cada uno, definirla según una variedad enorme de matices conceptuales.

Pero a nosotros nos interesa lo práctico. Diremos pues que es el diámetro del tubo, el marco de la ventana por el que vemos y percibimos las cosas tal como son, es decir: vemos, observamos, dándonos cuenta de lo que vemos. Todos intuimos qué es el inconsciente. En resumen podemos decir que es un conjunto de  contenidos y condicionamientos que forman parte de nuestra mente y que no conocemos. Así podemos intuir también que es la consciencia: la cualidad inversa.

Desde la consciencia podemos darnos cuenta de los aspectos personales que nos condicionan, es decir, que determinan nuestros comportamientos y reacciones involuntarios -manifestados o no externamente-, y estos últimos incluyen a los pensamientos, en los que nos encontramos casi todo el tiempo sumidos sin darnos cuenta.

Así que la consciencia nos permite darnos cuenta de lo que habitualmente nos pasa desapercibido y que de todos modos forma parte de la realidad, y meditar es aplicar un conjunto de técnicas para ampliar la capacidad de visión y de aceptación -ya que una de nuestras tendencias inconscientes más fuertes es la negación y la aversión de lo que no nos agrada-. Debemos tener en cuenta que no todo lo que nos desagrada es porque sea ‘malo en sí mismo’. Pueden no gustarnos ciertos tipos de comidas, incluyendo las verduras y es muy probable que esto sea debido a la educación o a experiencias pasadas, y no las ingerimos porque les asignamos la etiqueta de ‘está malo’ o ‘no me gusta’. A esto nos ayuda la meditación: a una re-asignación de las etiquetas mentales desde una óptica más amplia para pasar, en las personas con mayor número de horas de práctica a la no asignación de etiquetas-juicio. De este modo, y paulatinamente, se pasa de un estado en el que se reacciona con facilidad frente a estímulos externos (situaciones, vivencias, interacciones con otras personas), a otro en el que uno/a se va dando cuenta de las verdaderas causas de sus tendencias, impulsos e incluso autoengaños. Se va, poco a poco, conforme se observan, manteniendo cierta ecuanimidad sin necesidad de seguir los impulsos.

¿Cómo me puede ayudar?

Recientemente se han analizado el efecto de estas técnicas con criterio científico en numerosos estudios, especialmente desde los últimos 10-12 años. Todos coinciden en que la práctica tiene efectos positivos para el organismo y que estos efectos son fácilmente medibles con los análisis clásicos -e.g. evaluando los niveles de cortisol-. Puedes consultar la sección de investigación para más información, pero resumiré los siguientes:

1-Disminuye la tristeza y la negatividad. Cuando se perpetúan en el tiempo conducen a la depresión (es decir, a la instauración del estado de ánimo deprimido como algo permanente). Todas las personas que pasan por una depresión, suelen tener sentimientos o reflexiones como a) el mundo no es para mí, b) nadie me quiere, c) todo me sale mal, d) todos están en mi contra, e) nadie me comprende, f) parece que me han echado mal de ojo, g) me siento solo/a, h) mi vida no tiene sentido, i) soy una mala persona… amén de malestar físico -dolores de cabeza, de cervicales o espalda, molestias gástricas o intestinales frecuentes, dificultad para dormir, sensación de ahogo, palpitaciones e incluso mareos, ya que estos síntomas suelen cursar con cuadros de ansiedad. Puesto que la ansiedad se relaciona con mecanismos de huida y protección del individuo, lleva asociada la síntesis de  hormonas de estrés. Pero claro, esos estados mantenidos durante tanto tiempo nos provocan un considerable daño físico y psíquico.

Hay que reconducirlo. Puedes hacerlo, al igual que hay montones de personas que lo han hecho.

Cuando una persona está deprimida resulta que sin saberlo ha cerrado tanto el diámetro de su consciencia que solo percibe uno o unos pocos elementos de la realidad total. Pero además, ese cierre se debe a una dominancia de pensamientos repetitivos (obsesivos incluso), generalmente de carácter ‘negativo’, sobre el pasado y/o sobre el futuro. Cuanto más se sigue ese patrón, más se instaura el hábito. Y lógicamente, más se sufre y se potencian otros hábitos no saludables.

Existen técnicas terapéuticas efectivas para volver a re-acostumbrar al cerebro a ver las cosas como son. Y en estos casos, en gran medida coinciden en el objetivo y planteamiento con los empleados por las técnicas de meditación. No estoy diciendo que si estás deprimido medites como tratamiento. No. Ni mucho menos. Ve al médico y consúltale sobre la posibilidad de ir al psicólogo si crees que lo necesitas.

Digo que la meditación regular te ayudará a ir dándote cuenta de muchas cosas que antes te pasaban desapercibidas. Entre ellas, condicionantes de tu manera de ver el mundo, que causa sufrimiento, y que se repiten una y otra vez. Un ejemplo (quizá de los más frecuentes) es la autocrítica y el juicio a uno mismo. No me extenderé en esto más y remitiré al lector interesado a las obras de la lista para que extraiga sus propias conclusiones. Buena parte de las técnicas de fortalecimiento mental fueron desarrolladas en la antigüedad, es decir: vienen de muy antiguo. Entre ellos, en mi opinión, los autores antiguos budistas son los que mejor describieron estos procesos, y son los que ahora está estudiando la psicología clínica (véase, por ejemplo,

2-Aumenta la sensación de conexión…o mejor dicho…disminuye la sensación de aislamiento y diferenciación de los demás.

Nos sentimos seres individuales…y obramos como tales. Pero sin tener en cuenta que en realidad formamos una especie de telaraña interdependiente. Tengamos en cuenta que buena parte de esa sensación, en la mayoría de las ocasiones, procede de una tendencia al aislamiento que nosotros mismos, con nuestros patrones mentales y emocionales, fortalecemos. Se ha demostrado que la sensación de aislamiento provoca tristeza y tendencia tanto a la indefensión como a las reacciones defensivas inconscientes.

Soy de la opinión de que el sufrir por vivir solo no es algo descabellado. Se encuentra en la base de nuestra estructura como especie. Somos una especie social, como los demás primates, y como la mayoría de mamíferos, y la falta de interacciones y recepciones de estímulos afectivos es algo, a mi juicio, que debe ser evitado. Pero no confundamos la evitación con salir corriendo en pos de cualquier contacto. Se trata, más bien, de observar el sentimiento, observar el pensamiento que lo evoca y las reacciones emocionales. Así que, si te sientes solo porque, por ejemplo, vives solo/a, no te sientas culpable ni que eres ‘emocionalmente dependiente’. Posiblemente se deba a que te estás perdiendo ‘parte de la película’, pero también a que, posiblemente, tengas menos aportes afectivos de los que cualquier mamífero necesita…no digamos un humano. Así que, puedes animarte a ir observando ese conjunto de emociones y pensamientos. Solo observar.

3-Disminuye la reacción desde las emociones que provocan las interpretaciones inconsciente, que se manifiestan frecuentemente con ira o con miedo. Es decir, aumenta nuestra capacidad de reaccionar desde cierta independencia de las emociones negativas y ayuda a evitar reacciones que son tóxicas para nosotros mismos.

Hay más…pero con estos inicios puede ser suficiente para que uno inicie su propia práctica de fortalecimiento mental. ¿O es que quieres que te lo de todo hecho? 😉