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Un modesto sitio sobre crecimiento personal y mejora de la percepción

Algunas técnicas (II): desplazar el foco, Tonglen

Introducción:

Dos de las principales y más inmediatas consecuencias cuando algo o alguien nos daña, es que:

a) nos cerramos y centramos totalmente en nosotros mismos,

b) automáticamente surgen unos guiones mentales en forma de rápidos pensamientos, frecuentemente con razonamientos fragmentados, todos ellos apareciendo de repente en el espacio mental.

En principio, no controlamos conscientemente estas reacciones. Se tratan del mecanismo primigenio, humano, pero más conectado con la vida de nuestros ancestros. Es el mecanismo de alarma y las reacciones automáticas duales que genera: defensa/agresión y huida. Solo da estas dos posibilidades como opción automática. Estamos diseñados para esto.

Cuando nos sentimos dañados, cerrándonos y autojustificándonos de manera automática en nuestra visión de ‘no tengo por qué aguantar esto’, o ‘el otro es malo’ podríamos sobrevivir más fácilmente, porque se antepone directamente el individuo que ‘está siendo dañado’. Entrecomillo porque aunque a veces somos dañados realmente, otras veces es nuestra mente la que lo interpreta así, de acuerdo con su sistema de reglas morales, creencias previas, etc.

De la misma manera, cuando vemos a alguien sufrir podemos abrirnos mucho o cerrarnos mucho. En el primer caso sentimos una ternura y compasión intensas, un intenso deseo de que la otra persona o ser vivo deje de sufrir. En el segundo, volvemos, en gran medida, a pasarlo mal. Nos duele tanto, nos causa tanta aversión la imagen de alguien sufriendo que tratamos de evitarla. De nuevo nos cerramos.

Por ‘nos cerramos’ me refiero a que en ese estado, casi lo único que sentimos es nuestro propio dolor. Y lo único que tenemos en la mente es nuestra propia preocupación por lo que ha ocurrido (o podría haber ocurrido), por nuestro propio enfado o resentimiento y nuestro deseo (muchas veces no consciente) de ‘reparar lo ocurrido’, de ‘evitar que vuelva a ocurrir’. En ella solemos tener también pensamientos dolorosos que reviven lo que ‘nos ha ocurrido’, o ‘lo que nos han hecho’ (o le ha ocurrido a otro ser querido). En algunas personas se da con más intensidad y en otras con algo menos. Pero ocurre en todos los seres humanos.

Sentimos una especie de ‘descoloque’ en nuestro estado fisiológico, en nuestra energía. No nos sentimos bien tampoco a nivel corporal.

Y de este modo, en este estado, si un pájaro está cantando, nos pasa desapercibido, si un bebé ríe, no nos damos cuenta o no apreciamos su valor. No prestamos atención a las cosas buenas que nos rodean y que hacen que nuestra vida sea algo mejor de lo que podría ser. Seguimos viviendo lo ya vivido. Y esto, para lo único que sirve, es para crear un circuito de retro-alimentación. Pensamientos, e imágenes no deseadas que están en la memoria surgen y conllevan sensaciones displacenteras a las que reaccionamos con desagrado y queremos evitar ambas (imágenes y sensaciones). Al tratar de evitarlas, en realidad las reforzamos (porque no las afrontamos), y se mantienen…hasta que hagamos algo o se diluyan por sí  misma.

Así, junto a este estado interno tan poco atrayente, al estar todos los sentidos centrados en ‘mi problema’, estamos, sin saberlo, impidiendo que nos llegue información positiva del exterior. El lector lo reconocerá con facilidad si recuerda algún enfado fuerte reciente. También se da con  frecuencia en el caso del miedo intenso.

En estos casos, la tendencia de la mente es centrarse en el ‘ombligo interior’. Por ello, podemos intentar sacarla por sorpresa de ese estado, haciendo lo contrario de lo que, evolutivamente, está la mente preparada para hacer:

1) enfocarse en la necesidad de los demás y abandonar un poco la propia

2) fijarse en aspectos positivos mientras de manera simultánea se siente negativa.

En estos casos nos pueden ayudar dos técnicas, que se complementan: el Tonglen y el repaso de aspectos positivos con la evocación de emociones positivas. Igualmente, pueden combinarse con la práctica sobre nuestra naturaleza efímera (meditación del cementerio).

Cuando el estado de negatividad es intenso sentiremos que ‘no nos sirve’. En estos casos, hay que seguir haciéndolo aunque ‘pensemos así’ o no notemos efecto. Estamos en un estado de tan intensa negatividad y con la mente tan centrada que no es sencillo ‘descentrarla’ de modo voluntario y racional.

2. Tonglen

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