meditacionmindfulnessyotros

Un modesto sitio sobre crecimiento personal y mejora de la percepción

Algunas Técnicas (I): somos efímeros, temporales, como todas las cosas

Hay un buen número, casi todas con los mismos 

Objetivos Generales:

En realidad, todas tienen el mismo objetivo final: ampliar el campo de conciencia y que éste se mantenga menos focalizado en el ‘yo’ (yo y ‘mis’ problemas, lo que ‘me’ ha dicho, lo que ‘me’ ha pasado, lo que ‘yo tengo’, ‘tengo’ ganas, ‘no tengo ganas’, …) y para ello, trabajan a distintos niveles:

1. Ayudan a reconocer las propias emociones, su origen, lo que la desencadena, así como a entrever los posibles conflictos psicológicos (las pequeñas o grandes heridas psicológicas) que todos tenemos sin conocer y resolver (cada cual en su propia medida).

2. Estimulan y refuerzan ciertas áreas del cerebro relacionadas con la conexión con el entorno y con los demás seres. Así aprendemos a ver más y mejor no solo a nosotros…también todo lo demás…y con ello partes interesantes de las situaciones que con frecuencia nos perdemos.

3. Al aumentar el campo de visión de la realidad individual, ayudan a cultivar emociones, sentimientos y pensamientos saludables para el individuo, y, por extensión, para las personas de su entorno, que también pueden verse beneficiadas porque ven reducido el nivel de reactividad en su relación con el meditador.

 Técnicas habituales:

No es necesario complicarse la existencia aprendiendo un montón de técnicas. La atención es lo primordial. El primer ladrillo que hay que usar. Entrenemos a la mente en prestar atención.

Ya he expuesto un par de conjuntos de técnicas de meditación sencillos de poner en práctica.

Quiero sugerir unos pocos más que son muy útiles, porque además llevan la atención a reconocer el carácter intemporal, e insustancial de las cosas, de las situaciones…y nos ayuda a liberarnos de buena parte del sufrimiento, que se manifiesta de muchas maneras diversas (miedo, ira, agresividad, envidia…). Muchas veces no somos conscientes de que estas son las emociones que subyacen a nuestro comportamiento. Pero podemos aprender a verlo nosotros/as mismos/as. Eso sí. Tengamos paciencia y no nos enjuiciemos por lo que experimentemos (se agradable o no).

1. Sobre lo efímero de la vida y lo inevitable de la muerte. Sobre la temporalidad de las cosas. 

La vida es efímera. Nadie puede negarlo. Todas lo son. Una vida aparece y después desaparece. Las personas que crean en un Más Allá también convendrán que esta vida terrena es temporal. Las que no crean en un Más Allá, convendrán en que la vida de cada uno es única e irrepetible.

Unos y otros convendrán en que comenzamos a acercarnos a la muerte nada más nacer.

Y casi todo el mundo estará de acuerdo en que generalmente, tratamos de evitar el tema de la muerte. No es un tema de debate. No es un tema bienvenido. Y seguramente, es la única experiencia de la que podemos estar seguros que todos tendremos.

Podemos usar esta realidad para nuestro beneficio. Siendo más conscientes de la muerte, podemos ser más conscientes de la vida. Siendo más conscientes de lo ‘definitiva’ que es la muerte, podemos ser más conscientes de lo frágil que es la vida. Dándonos cuenta de que nuestro tiempo es muy limitado, seremos más conscientes de su enorme valor. Sobre este asunto, mejor que en ningún otro ejemplo, el tiempo es oro.

Aumentando nuestro nivel de consciencia sobre esta realidad, mejoramos nuestra percepción de la realidad cotidiana, ponderamos mejor todo lo que nos ocurre, le damos una importancia más equilibrada (aumentando el peso de los pros y contra) en las situaciones cotidianas que nos afligen.

Práctica: conviene realizarla de vez en cuando. En mi opinión, no conviene realizarla a diario de manera intensiva como norma general, especialmente si no se lleva un buen tiempo de práctica en la meditación, pero sí es  interesante hacerla puntualmente y de forma ligera: por ejemplo, brevemente alguna vez al día, de forma que nos mantengamos conectados con la verdad de esta realidad.

Sugiero que te familiarices con el ejercicio en la meditación sentada y una vez logrado, desarrollarlo en la post-meditación (el resto del día, en cualquier situación que quieras).

1. Toma asiento con la espalda recta, las nalgas apoyadas sobre los huesos isquiones.

2. Sigue el flujo de tu respiración, o bien el movimiento del vientre con la respiración como expliqué antes, volviendo a la respiración o al vientre cuando te distraigas

3. Cuando comiences a notar que tu mente está más calmada realiza la visualización del siguiente apartado. Si no observas tu mente calmada, puedes elegir, o bien simplemente dedicar esta sesión a la respiración, o bien, intentar realizar la visualización siguiente.

4. Visualiza tu cuerpo inerte, primero sobre una cama y posteriormente sobre la tierra . Sigue mentalmente los detalles.

5. Los cuerpos se pudren. Visualiza a tu cuerpo en ese proceso. El cuerpo se hincha, pueden salir fluidos por los orificios,  puede salir sangre.

6. Continúa con el proceso de descomposición. Observa cómo los insectos comienzan a descomponerlo.

7. Observa las partes que van quedando expuestas.

8. Observa la carne, los huesos con los trozos de carne.

9. Observa el esqueleto. Fíjate en los detalles. De los pies a la cabeza y viceversa varias veces.

10. Eso ‘eres tú’.

11. Observa cómo los huesos van partiéndose y desintegrándose, atomizándose.

12. Observa qué queda. ¿Dónde está esa aflicción?, ¿qué pasó con tus temores o anhelos?, ¿dónde están esas situaciones o  personas que tanto dolor o rabia te causaban?…

13. Mantén la sensación el tiempo que puedas, sin forzar.

Puedes realizar esta observación utilizando tu cuerpo o el de otras personas, tanto tus seres queridos como personas que te resultan indiferentes, o las que te resultan desagradables o que, simplemente, no soportas.

No tendrás que realizar esta práctica muchas veces antes de que empieces a notar cómo cambia tu percepción de tí mismo y de los demás. Sin embargo, como la mente tiende a evitar este ‘asunto espinoso’, volvemos a olvidarlo, así que conviene acordarnos reiteradamente de esta práctica para mantener una visión más completa de ‘nuestra realidad’.

No te extrañes si al principio sientes rechazo de cualquier tipo. Es habitual.

No rechaces el rechazar. Observa cómo quieres rechazar este ejercicio.

Si tienes miedo a la muerte, también puede ayudarte, aunque al principio parezca que tienes más miedo, la exposición paulatina  irá mejorando tu reacción.